miércoles, 18 de mayo de 2016

11 - Expansión

Agotado, exhausto, así se sentía el Viajero aquella mañana de sábado. Pero también satisfecho. Tenía en su pantalla buena parte de su vida y se daba cuenta de que el esfuerzo intenso de la noche había generado, a la postre, un tesoro. Apretó la opción de “Guardar” para asegurarse de que nada se perdía y apagó el ordenador.
 
Aunque había amanecido ya, se acostó con la intención de recuperar alguna hora de sueño. Se acomodó sobre la sábana, casi desnudo, en una de esas posturas que parecen forzadas pero que ayudan a estirar y relajar casi todo… sintió que el sueño se apoderaba de él y se dejó ir sin resistencia.
 
Le pareció que no había pasado más que un instante cuando se encontró caminando por un paraje abierto, luminoso, que le parecía totalmente irreal. Pensó que casi nunca recordaba sus sueños y se dio cuenta de que aquello no era exactamente un sueño, pero también era consciente de que tampoco era real.
 
¿Era consciente?
 
El mismo se había hecho esa reflexión! Pero ¿Cómo podía “pensar” en un “no sueño”, que  era consciente?
 
Aquella pregunta volvía una y otra vez hasta que bloqueó su pensamiento. Caminaba pero no pensaba. Su mente se había quedado en blanco,  pero percibía.
 
Y se sentía plenamente uno con el entorno, como si pudiera estar y transitar por él como por sí mismo, con suma facilidad. Era como si flotara y no hubiera barreras a su desplazamiento.
 
Salía de sí.
Entraba en un árbol.
Volvía a sí mismo.
Se elevaba sobre sí.
Se hundía bajo tierra...
 
Aquella experiencia le impresionaba, pero no sentía miedo. Era consciente de que era extraordinaria y se sentía bien, seguro, con la sensación de que dominaba la situación en todo momento.
 
Y se sintió como todo.
Supo de todo.
Compartió todo.
Y por un momento se expandió.
Todo era transparente para él.
 
Deseó serenarse, volver... y se acogió sobre sí. De nuevo caminaba, sus huellas desaparecían tras sus pasos. En ese instante pensó que caminaba pero que no iba a ningún lado y se paró.
 
Vio cerca una piedra que le llamó la atención porque era cúbica: ”cúbica perfecta”, pensó, y se dirigió a ella y se sentó.
 
De nuevo fue un instante. Una fuerza poderosa lo comprimió, sintió como se densificaba, como perdía luz todo el entorno y como la fuerza se centraba en él y lo empujaba sobre la piedra: sintió que lo arrojaba.
 
Haciendo un gran esfuerzo se contrajo, puso los pies en la piedra elevando las rodillas, las abarcó con sus brazos, se cerró con su frente sobre ellas y cerró los ojos.
 
Se cerró.
Todo se volvió negro.
Hasta su pensamiento.
No sentía miedo, sabía que iba a viajar,
Pero él era el Viajero.
 
Al instante, volvió a sentirse en calma, sin presión, sin fuerzas extrañas. Abrió los ojos y dirigió la mirada a su alrededor. ¡De nuevo se vio sentado en el parque de su ciudad!
 
Esta vez casi desnudo. ¡Y sus manos agarraban su sábana!
 
Se levantó, se la colocó como le pareció mejor y se marchó a su casa.
 
No pensaba en lo que le había pasado, aún no. Sólo caminaba sereno y con una sensación nueva interior.
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