Pisaba consciente la plaza que se abría delante de la
Catedral. Después de 18 años, el Viajero, volvía a estar en León, ciudad que
recordaba como mágica.
León en la tierra más dura de Castilla. León la obra de la VII legión; sangre curtida y veterana la fundaron.
Con la vista de la Catedral, su mirada se llenó de belleza, de misterio y de luz. La tarde le permitía al Sol iluminar la fachada de piedra limpia y clara y se colaba por el rosetón colorista.
Su paso, ceremonial, respetuoso. Su actitud, recogida pero no beata. Se dio cuenta de que percibía la Catedral de una forma diferente a como la recordaba.
Traspasó la puerta del Evangelio bajo la mirada severa de las figuras de talla casi humana. Cuando sus ojos se acostumbraron al interior cambió su percepción:
Todo estaba pensado para sugerir.
Todo habla y cuenta algo que no se puede expresar.
Que quizás antes se percibía con mayor facilidad.
Que ahora se pierde entre los conceptos,
Entre las explicaciones aprendidas.
Y queda detrás de la búsqueda de lo preconocido,
De la manipulación mental de la Obra.
De la manipulación mental de la Obra.
La Obra está realizada para hablar.
Para que te presentes ante ella receptivo, sensible,
Limpio de lo aprendido.
De modo que pueda expresarse,
Y comunique lo inexplicable,
El misterio,
A través del símbolo,
Desnuda de narración, de historia, de etiquetas
conceptuales.
La Obra, la Catedral de León.
Y el Viajero, en la serenidad extrema, contemplando el Retablo, oró.
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