Noche y
caminando.
El Viajero se dejaba iluminar por las
luces de la fiesta: los focos, los escaparates deslumbrantes, las voces, las
músicas y el ruido de fondo siempre presente. Se sentía inmerso.
Nada podía ser complicado, pensaba, mientras
caminaba. ¡Todo tiene que ser sencillo! se decía.
Lo que ocurre es que nos "paramos" en otras expresiones de la
realidad y sobre esa imagen o impresión queremos construir una explicación.
¡Y no! Todo se complica y nada encaja. Porque
los datos que se recogen y se manejan no son los adecuados, pensaba.
Se paró unos instantes mientras las luces
cambiaban los colores de su figura. Se quedó por un momento suspendido. Su
mente resplandecía:
Deseo mirar la luz…
¡Que la luz me alumbre!
Para mirar la luz hay que
ser luz.
Pero… si soy luz.
¿Para qué mirar la luz?
Otra vez la paradoja.
No hay camino.
Estás en el camino siempre.
La no voluntad.
La aceptación.
La no acción.
Cooperando con todo.
Cierra los ojos.
Mira más allá.
Y conecta con la esencia,
En cada ser,
En cada cosa,
Contigo mismo…
Simple y coherente.
Todo se vuelve simple y coherente.
Pero a la vez magnífico.
E indescriptible.
Y no puede salir de uno mismo.
Nadie puede dividir esa Unidad.
El Viajero siguió
caminando en otro momento.
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