El Viajero
deambulaba en la ciudad iluminada, que contaminaba la noche con sus luces de
colores. Su walkman lo aislaba de los ruidos y aun así oía cómo se vulneraba el
silencio... que era oscuro.
Las canciones se
habían ordenado mágicamente.
Lo habían llevado
por diferentes etapas de su propia vida, de su vida más reciente, de su “nueva”
vida.
El paso vivo y la
sensación fresca no era suficiente para atenuar sus sentimientos y
pensamientos. Sentía cómo se presentaban una y otra vez según la
secuencia de las canciones.
La Marcha Triunfal
de Verdi…
Se paró y se sentó.
Le dio a repetir.
La claridad se hizo
en un destello interior.
La Marcha venía a
rescatarlo de aquella maraña de emociones y sentimientos.
Recibió
su impulso y ascendió.
Y la maraña quedó
colgando.
Venía un tiempo de
purificación.
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