Había sido una tarde especial. El
Viajero volvía a leer su libreta amarilla. Abrió la página de Tiempo de
Purificación y en ese instante sonó la Marcha de Verdi.
No pensó.
Dejó que fluyera el momento.
Se estremeció.
El Universo se desplegaba.
Y su confianza llenó todo.
Era como si estuviera en manos de sí
mismo.
Que no era sino Todo.
La Marcha se repetía en su melodía
más conocida;
Acababa...
¡Se reconstruía en sí misma!
Pero acababa.
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