La velocidad del coche era moderada y la música suave. El Viajero
conducía casi de manera mecánica, inconsciente, el camino era conocido.
Había leído: "Cuándo se quiere una cosa, todo el universo conspira
para que la persona consiga su sueño." (“El Alquimista”. P. Cohelo).
Su mente andaba ensimismada en esta frase y en la combinación de tres
ideas: La Unicidad y la consecuencia de que Todo influye en cada una de las
cosas, el principio de causalidad, que nos habla de que cada efecto tiene su
causa. Y el salto que había dado la ciencia con la formulación por parte de
Bertalanffy de la Teoría General de Sistemas.
Tenía la sensación de que los ejes de las teorías de las diferentes
ciencias se aproximaban y se entrelazaban cerrándose sobre principios antiguos,
muchas veces místicos o espirituales. Y pensó que quizás este era uno de los
casos.
La Teoría General de Sistemas, simplificando, aísla una parte de la
realidad, identifica su estructura interna, sus interrelaciones y
funcionamiento; es el sistema. A lo que queda fuera del sistema (entorno), le
da un valor de influencia en el mismo: los “inputs”.
Esta simplificación permite analizar las reacciones del sistema como
conjunto (visión holística) y estudiar el resultado (output) que vuelve al
entorno e interactúa con él. En ese instante, se convierte en entorno, en parte
del “input”: de forma simultánea salida y entrada. Nuestra mente los separa,
pero la realidad no los diferencia.
Así, la visión de Todo se descompone en dos partes. El principio de
“causa-efecto-causa”, se hace menos lineal y más próximo a su funcionamiento
real, en el que las causas y efectos son múltiples hasta el infinito. Todo
influye en Todo de forma continuada. Nada está separado. Todo pertenece a la
Unidad.
La fórmula de Bertalanffy, hoy plenamente extendida, es coherente con
esa visión.
Al final, Cohelo tenía razón: "... todo el Universo conspira."
El Viajero sintió una repentina alegría al pensar que le cuadraban las
cosas. Sin embargo todo aquello lo percibía como flotando…
De repente, el tráfico lo devolvió a la Realidad, al momento. Pasado el
pequeño sobresalto se dio cuenta de que había actuado casi automáticamente.
Y vio que vivía en dos mundos: su mente y el tráfico.
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