sábado, 21 de mayo de 2016

2 - Viajero

Venía…

La sensación en su piel curtida era la de una mañana fresca. La luz del día descendía sobre el paisaje que se ofrecía a su mirada. Sus pies desnudos hollaban la tierra del camino en cada paso. La fragancia que emanaba de la verdura húmeda, lo envolvía.

Caminaba absorto en sus pensamientos, en sí, y nada de lo que lo rodeaba se le había hecho presente:

Ni la frescura del aire,
Ni la luz temprana,
Ni la tierra del camino,
Ni la fragancia húmeda.

De repente dejó de caminar, se paró.

Se giró mirando el camino andado, reflexionando sobre sus pasos, ¡y no recordaba ninguno!

Se paró. Se paró... y todo se paró.

Y poco a poco asentó los pies y sintió la tierra.
Extendió las manos para atrapar el aire fresco.
Inspiró y se llenó de la fragancia húmeda.
Y levantó la mirada para que sus ojos se llenaran de luz.