martes, 17 de mayo de 2016

27 - Globos Mundo

Una hora tardía de una tarde de un día laborable. La primavera había penetrado en todos los seres vivos y aportaba su energía para que cambiara el estado de todo dentro del ciclo.
 
El Viajero caminaba por la ciudad, su mochila al hombro, con la mente en atención abierta, tratando de que el paseo le aportara la serenidad interior que tanto le gustaba y disfrutaba. El paso se hacía dinámico, largo y suave; sentía su ritmo como si fuera el compás con que pulsaba su propia energía interior.
 
El Viajero observaba todo a su paso, sin que nada capturara su atención. Las personas con las que se cruzaba eran un momento en su camino. Pasaban sin interferir su sensación.
 
La luz se volvió más brillante.
El sol de la tarde se hizo más fresco.
Y sintió su cuerpo más ligero.
Y la mente se hizo extensa.
Y vio:
 
Cada persona iba envuelta en un “GLOBO”.
Cada persona vive y configura su mundo.
Configura su mundo y vive.
En esa dinámica crea su globo particular.
 
Este globo se conforma con la vida y cambia con ella, evoluciona con la niñez, la pubertad, la juventud y la madurez. En él están las metas, las referencias.
 
En él construye cada persona sus aspiraciones y sus proyectos. Y en su conjunto tiene suficiente coherencia para que esta se sienta centrada en él.
 
Muchos globos están consolidados, tienen unas estructuras aparentemente sólidas y nada interfiere en aquello que se desarrolla en su interior. Son duraderos.
 
Pero, cuando algo se descoloca en el globo, y la persona busca una solución en su mundo, y no la encuentra… si la inquietud persiste y busca, acaba intentando encontrar la solución "fuera".
 
Y en esa búsqueda tiene que ampliar su globo, su mundo, para dar respuesta a su curiosidad o a su inquietud.
 
Y en esa ampliación, en ese proceso, todo puede cambiar. Incluso sus metas, sus referencias, su valoración de las cosas, sus prioridades.
 
Si entramos en las vidas de otras personas desde globos personales muy diferentes, podemos introducir nuevas perspectivas, nuevas inquietudes.
 
Podemos “pinchar” sus globos.
 
Entonces, todo se trastoca y se descoloca. Y aquella persona tiene que recomponer su mundo de nuevo.
 
Nadie tiene derecho a pinchar un globo.
 
Y todos merecen que se les ayude a configurar uno nuevo siempre. Siempre que lo pidan, pero especialmente cuando se les pincha.
 
El Viajero hizo un alto en el paseo. Sacó su libreta amarilla y apuntó:
 
No se debe pinchar ningún globo.
Cada uno transita en su propio mundo,
Que comparte, sólo en parte, con los demás.
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