lunes, 16 de mayo de 2016

30 - La Fuente

Septiembre, día limpio. El mar que tanto quería el Viajero inundaba el ambiente de sí:
 
Su olor,
Su rumor,
La luz azul desprendida,
El calor atemperado,
Incluso su sabor a sal.
 
El Viajero sentado en la arena recordaba su concepto simple del Hombre; su paisaje sencillo.
 
La arena, con la apariencia sólida, física, tangible, que nos dan los sentidos.
El mar azul, verde, oscuro, blanco, móvil y cambiante... revuelto, que encierra una fuerza enorme, como los sentimientos.
El cielo diáfano, limpio y sereno que nos invita a pensar, a conocer, a subir.
 
Por un momento se sintió especialmente bien, sólo... en paz. Se levantó y comenzó a entrar en el mar; siempre la notaba fría. Se zambulló, todo se volvió azul verdoso, aguantando la respiración nadaba sumergido, como un delfín.
 
Todo era verde.
El tiempo suspendido, era su sensación. Y vio:
 
Dos fuentes de las que manaba un fluido transparente. En cada una había una mujer. La de la derecha voluptuosa y extremadamente atractiva. El deseo mismo. Lo activo. La de la izquierda recogida sobre su propio ser. Pero resplandeciente. Emanaba feminidad. Lo pasivo.
 
Conforme caminaba las dos lo miraban sin cesar.
 
Cuando llegó a su altura entrelazaron la vista y en ese instante percibió otra figura femenina detrás.
 
Y sintió que la mujer era la Madre.
Y las dos fuentes se nutrían de aquella nueva.
Un niño bebía de aquella fuente.
 
El Viajero se detuvo, permaneció inmóvil...
De repente el niño se volvió.
Y le miró a los ojos.
Sus propios ojos le miraban.
Y la Madre latía conectada a él.
Y sintió recorrer del Hilo de la Vida.
 
Intentó beber...
Y la notó extremadamente salada.
 
Aturdido salió al instante a respirar con profunda agitación.
Se relajó a la vez que respiraba. El mar lo envolvía.
La inmersión le había llevado a su Fuente y en ella se había realizado su neutralización.
 
Limpio.
Sintió Amor por sí mismo.
Y la Liberación.
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