Ensimismado,
le encantaba pasear por el parque: era urbano pero tenía su belleza. Naturaleza
domada, pensó, sí; pero la tierra, el barro, la hierba, eran accesibles.
El
Viajero se envolvió en el verde y la luz...
En su
bolsa llevaba su libreta amarilla y su libro. Perfecto, pensó.
Y
se sorprendió caminando,
Despierto. Se
giró mirando el camino andado, Y
sonrió.