sábado, 14 de mayo de 2016

56 - Aquí y Ahora

El Fin de Año es un tiempo bisagra. Siempre había sido un momento poco amigable para el Viajero. Cada una de esas noches pasaba esa línea de puntillas.
 
El propio año se resume trayéndolo de la memoria y es el momento en que se formulan los mejores deseos y expectativas para el siguiente.
 
El Viajero regresaba y revisaba absorto el ratito que había estado con su madre. Aquel rostro enmarcaba su historia y su lucha. Era el pasado de su madre, un pasado engrosado y pesado.
 
Y percibía la inexistencia en ella de futuro. Su deseo era que su persona permaneciera inmóvil, sin cambio, y se elongara, tal cual era, hacia los días siguientes.
 
Entre estos pensamientos salto a su mente la expresión que tanto se escuchaba últimamente, queriendo hacer énfasis en la importancia del presente: “Aquí y ahora”.
 
Y se dio cuenta que realizar hasta el extremo esa idea implicaba tres cosas, básicamente:
 
Olvidar el pasado, renacer cada día, renacer en cada instante. Limpio.
No tener expectativas, abandonar las esperanzas, eliminar los proyectos. Libre.
Dejarse “fluir”, sin resistencia. Móvil. Inconstante. Ligero.

No obstante, pensaba, la vida, ese fluir continuo, “viene” de tan lejos como encontremos los recuerdos y los no recuerdos condicionantes. Y eso es lo que produce la inercia, la orientación hacia el futuro, que se basa en la propia experiencia. El tiempo vital acumulado, que pesa, que configura.
 
Casi siempre necesitamos orientar ese fluir. Así lo hemos aprendido; es uno de los no recuerdos más condicionante.
 
Y el Viajero se sintió:
Olvidado de sí mismo. Limpio.
Abandonado a su caminar. Libre.
Ligero por un instante. Ligero.
 
Al poco, volvió a oír su paso, recordó el rostro de su madre y percibió el frío en la nariz. No obstante, la sensación de la chispa de Luz permanecía.
 
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