Atardecía
de la forma lenta que ocurre cuando el verano se acerca. Sus pasos descalzos
acariciaban la madera amable de aquel piso nuevo para él. Sentía el aroma
distinto de aquella casa en cada uno de sus movimientos, cuando el aire se
agitaba. Observaba las telas de colores cálidos, las tapicerías, que acariciaba
a su paso con su mano indolente, los recuerdos y fotografías que salpicaban la
estancia. Todo era armonioso y bello.
En
un movimiento lento se dejó caer en un sofá amplio desde el que se atisbaba
parte de los edificios altos, grises, encendidos en parte, que encerraban en su
entorno urbano aquel espacio.
Su
cabeza se recostó en el respaldo y el Viajero entorno los ojos. Y se relajó.
Las
imágenes, las sensaciones, los sentimientos, los pensamientos fluían de su
memoria de manera desbordante. Estaba totalmente inmerso en ellos, los
recreaba, los revivía, los volvía a sentir y a pensar. Todos giraban alrededor
de Maya y de sí mismo; eran una danza en otro “tempo”, en el que adquirían un
sentido nuevo y brillante.
Los
besos volvían a nacer como la expresión del puente entre la vida y la vida.
Los
abrazos como la fórmula para que la sensación de la piel en la piel se
convirtiera en el lazo intenso entre los dos cuerpos.
Las
miradas como los caminos que llevaban de un alma a la otra, en un luminoso ir y
venir.
El
deseo como esa fuerza que impelía a los dos a dejarse mecer en esa danza, a ser
envueltos por ella.
La
pasión como la experiencia de que todo se volvía diferente, intenso y fuerte.
La
unión sexual como puerta a la corriente de la vida, de la propia vida, que se
cerraba en un bucle sobre ellos mismos.
El
orgasmo como el paroxismo en cuyo momento todo lo anterior se sublima y se
emite y todo, dentro y fuera, lo inunda y lo llena y lo confunde.
El
Viajero lo sentía con tal intensidad que deseó volver junto a Maya que
descansaba sobre la cama amplia e intentó levantarse… pero no pudo.
De
nuevo sintió el beso.
Se
perdió entre las sensaciones de la piel.
Sintió
la pasión que lo invadía.
Y
cómo volvía la unión.
Y
la corriente de la vida misma.
Y
el vuelo sobre la vida.
Y
todo fue uno.
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