miércoles, 18 de mayo de 2016

5 - Unificación

La noche se hacía fresca y abrazaba ya todo lo que le rodeaba. Todo adquiría poco a poco el tono plateado de la luz de la luna.
 
El Viajero respiraba agitado, se sentía agobiado al intuir que debía afrontar una situación nueva y desconocida.
 
Su piel se volvía sensible al viento y él mismo se humedecía los labios para paliar su sequedad. Se sentía cerrado, perdido. ¿Cómo había caído en la tentación de pasar el muro? ¿Por qué se había dejado arrastrar por la curiosidad? ¿Qué le había atraído cuando atisbó el otro lado?
 
Todas esas preguntas y otras más bullían en su cabeza, mientras caminaba sin rumbo. No reparaba en las cosas que lo rodeaban ni apreciaba su nuevo aspecto, sutilmente diferente. Nada era capaz de sacarlo de la tormenta de sus pensamientos.
 
Agotado por las horas de camino y por la tensión decidió buscar un lugar para descansar. Levanto la vista, hasta entonces fija en el suelo, y a pocos pasos vio un sitio. Se acercó hasta allí, se acomodó, procuró relajarse y a los pocos minutos el sueño logro adueñarse de él.
 
A medianoche se despertó sobresaltado, seguía inquieto, sudaba… Se preguntó qué era lo que le estaba pasando. Se propuso serenarse, asumir la situación e intentar encontrar una solución. Quizás aquel cambio iba a ser para bien. Se animó con esta idea y se dispuso a volver al sueño… cuando recordó que había soñado algo extraño. Hizo un esfuerzo y lo reconstruyó. ¿Qué era aquello?
 
El sueño:
 
Andaba, y al levantar la vista vio a tres personas a unos pasos, frente a él. Tenían un aspecto extraordinario envueltos por la luminosidad del sol.
 
El sol se nubló mientras el Viajero comenzó a acercarse, y en ese instante uno de ellos corrió en sentido opuesta, alejándose.
 
Se aproximó a los otros dos con la misma actitud amable. Pensó que quizás podían ayudarle. Quería saber dónde estaba. Tras saludarlos, preguntó a uno de ellos por el nombre de aquel sitio.
 
La persona le miró sombríamente, parecía asustado. En el fondo de sus ojos el Viajero vio desasosiego y miedo. La persona eludió su mirada, se replegó en sí y no contestó.
 
Se retiró unos pasos y se dirigió a la tercera persona, inquiriéndole, pero parecía ido, sumido en sus pensamientos y, a pesar de insistir en la pregunta, no le atendía.
 
Tomó una cierta distancia y se sentó. Lleno de compasión sintió un profundo amor hacia los tres. Fluía con gran intensidad. Vio que las tres personas volvían a reunirse como si notaran su fuerza. Se dio cuenta de que lo miraban.
 
Percibió la armonía entre los tres. De nuevo lucían. Se aproximaron, llegaron hasta él y le abrazaron.
 
Sintió la fusión de los cuatro cuerpos y una fuerza especial lo llenó. Conforme revivía el sueño y todas sus sensaciones, acopiaba toda la energía.
 
Se sentó en la Tierra verdecida.
Se Unificó.
Y se sintió Nuevo.
Y se abrió.
Y esperó el orto.
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