El
Viajero tomaba su café. Al otro lado de la cristalera las mesas aún soleadas bañadas
de luz de otoño.
Luz
tenue e inclinada.
En
las mesas gente. Pensó que eran personas, pero se quedó con la palabra gente: hablaban,
reían…
Y
se dio cuenta: Viven en un miedo oscuro. Invisible.
Y
se juntan. Se juntan, creyendo que lo hacen en virtud de lo que han aprendido. Sin
saber que es la respuesta inconsciente al miedo oscuro.
Miedo
de transitar el camino de la vida, siempre incomprendido.
Y
se rodean de las formas superfluas.
Y
se arropan unos a otros con ellas.
Y
cuando todo esto se ve,
La
claridad llega y
El
miedo oscuro se desvanece.
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