lunes, 16 de mayo de 2016

37 - A Contraluz

La tarde de febrero era luminosa, el cielo casi diáfano y la temperatura agradable. Y el sol aún se sostenía por encima del horizonte. El Viajero caminaba rápido, al ritmo de la música de su mp-3. Entró.
 
El ascensor lo dejó en un piso alto.
El pasillo era estrecho y largo.
Al fondo una ventana orientada al este.
La moqueta nueva de color marrón oscuro.
El calor de la calefacción enrarecía el ambiente.
Lo resecaba.
Los plafones redondos aportaban una luz repartida.
 
El Viajero miró hacia el fondo. Dos siluetas de mujer se recortaban contra la ventana. Y se alejaban.
 
Una con aspecto robusto, ayudaba a caminar a la otra deformada.
 
"No sé dónde estoy” decía.
“En el baile” contestaba.
A los pocos pasos repetía...
“No sé dónde estoy”.
“Damos la vuelta” le contestaba.
 
Se aproximaban de frente,
A contraluz.
 
Al llegar a la altura del Viajero la robusta apartó a la señora. La luz del techo iluminó tenuemente su cara: “No sé dónde estoy”… decía.
 
Y siguieron recorriendo el pasillo. Otra vuelta.
 
El Viajero miró por la ventana.
La luz de la tarde se enfriaba fuera.
Y su corazón se helaba.
 
La Vida ya había pasado por aquél pasillo.
Pero aún residía.
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