El
Viajero atendía la conversación que al otro lado del teléfono desgranaba la voz
de su madre, ya sin la firmeza de hacía pocos años. Sus palabras se tejían
sobre sus neuras, todas ellas propias de una señora de su edad.
La
conversación había entrado en los temas de siempre, una vez que las novedades
de aquel domingo -con quién había comido- ya habían salido a relucir.
El
Viajero recordaba a su madre en diferentes etapas de su propio pasado y trataba
de entender esa sensación que tuvo cuando se sintió unido al hilo de la vida.
Ese hilo, que puede parecer sutil y que algunas personas no eran conscientes de
él, se extendía más allá de su propia madre, enlazando todas las madres en un
regreso profundo.
Su
madre se había despedido y, a la vez que dejaba el teléfono, volvió la
sensación de confusión en su propia casa, rodeado de los recuerdos. En algunos
el propio Viajero lo miraba. Los recuerdos volvían con intensidad,
como aquella noche en que se vació de sí mismo en su ordenador,
sorprendiéndole la madrugada.
Y
percibió cómo si el hilo de la vida quedara en un segundo plano y cómo otros
muchos lo lazaban con todos aquellos recuerdos. Y que otros superaban aquellas
paredes y lo unían a otras personas:
Su
familia,
Sus
amigos,
Sus
compañeros de trabajo,
A
cosas que de él “colgaban”.
Recordó
una historia que había leído: “Los viajes de Gulliver”. Gulliver en el país de
Liliput. Y
una imagen de aquel libro juvenil; Gulliver en la playa dormido, después
del naufragio de su navío. Los habitantes liliputienses (diminutos) a su
alrededor lo habían atado a la arena con muchas cuerdas, para él finas,
pero que lo inmovilizaban.
Y
se sintió como Gulliver. Múltiples hilos le unían a todo aquello. Era como si
hubiera tejido una telaraña de relaciones y recuerdos en la que había sido
cazado él mismo.
Y
no sentía tranquilidad en ese estado, sino todo lo contrario: angustia.
En
ese instante relució con una intensidad especial el hilo de la vida. Se impuso
a los demás.
Y
se dejó ir por él.
Viajó
rápidamente.
Regresaba.
Y
vio:
Nacemos
unidos a un solo hilo, el de la Vida.
Los
demás son añadidos.
Y
se reconfortó.
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