sábado, 14 de mayo de 2016

53 - El Capullo de Seda

Caía aquella tarde de noviembre e impresionado por la vivencia que había tenido desde la pasarela, sobre la autopista, el Viajero regresaba rápidamente ya inmerso, él mismo, en el flujo.
 
De nuevo en la ciudad, caminaba y sentía la soledad en el cuasi desierto urbano. Una soledad que invitaba a quedarse con uno mismo.
 
Se paró en una glorieta. Su monumento central hablaba del siglo XIX. Lo identificó con la historia de España.
 
Y sintió la conexión con el lugar.
Y la conexión con otros.
De ahora,
Y de antes.
Con muchos.
Multitud.
 
Y descubrió en él, enlazados,
Innumerables Hilos de Gúlliver.
Y se sintió un capullo de hilos de seda;
En una tela densa,
En una red sin orden,
Donde la energía mental fluía,
Como si se tratara de un cerebro enorme.
 
De nuevo la mente común, trabada en la maraña de hilos.
El capullo de seda que envolvía el yo, lo convertía en parte, parte de aquel todo parcial.
Envolvía su luz, y no le permitía mostrarse… ¡Brillante!

Alzó la vista.
La ciudad conocida,
El ruido acostumbrado,
La música repetida,
El frío del otoño apartado de la piel…
Todo lo envolvía,
Y lo encerraba en aquel lugar seguro.
 
El Viajero comprendió:
Que era humano asumirse capullo,
Acomodarse.
Y que lucir Brillante era de titanes.
 
Y sintió cálida la conexión,
La tela extensa, sin tiempo.
Vibrando en el Ahora.
 
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