El Viajero, ante el teclado, frente a la pantalla, releía
su nota. La percibía confusa, y lo que era peor, banal. Pero sabía que
cuando la escribió había sentido la luz. Era como un muro al que le daba vueltas, buscando la
puerta, intentando encontrar su sentido.
La noche era húmeda y la lluvia mojaba el aire y la
tierra. Se respiraba, se olía. Todo era agua.
Y se sintió bien… Y sí, en las mismas líneas que aparecían
como una escritura automática, se dibujó el sentido de la nota.
El muro se abrió al tocarlo, como todos,
Cuando la mano lleva la fuerza,
El convencimiento.
Cuando ya no se intenta,
Y sólo se hace,
Porque sí.
Vio la Vida como una onda,
Que fluye entre los seres,
Agitados por ella.
La Vida da y saca.
El ser recibe y ofrece.
Recordó la tabla de las 9 edades en
base al 7.
Todo concordaba:
La experiencia, el sentimiento y el
conocimiento:
Se reciben,
Crecen,
Se transmiten,
Se enriquecen,
Y se ofrecen.
Luego el ser,
Sigue a la Vida,
En su Inercia.
Pero la Vida no vuelve la cara,
Ya está posándose en un nuevo ser.
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