martes, 17 de mayo de 2016

26 - La Luz detrás del Nombre

El Viajero disfrutaba la sensación grata de la frescura del aire en su rostro. Su carrera lenta le permitía extenderse en el entorno a través de sus sensaciones. Lo reconstruía en ese color que lo hacía más agradable. Sentía cómo su organismo aceleraba su funcionamiento por la exigencia del trote.
 
El sol y la luz de la primavera empujaban la vida. Se sentía su presencia y cómo todo se regía por ese impulso. Emergía de todo ese mismo todo renovado, reproducido...
 
Se paró para completar sus ejercicios. Se arrodillo en la tierra mirando al sol. Terminó el movimiento, lentamente, sintiendo cada parte de sí, hasta lograr una postura cuasi fetal.
 
Respiraba rítmicamente y sentía cómo el sosiego lo iba ocupando. Al esfuerzo sucedía la tranquilidad, la paz, sin perder la conexión con el entorno.
 
Miró la tierra y fluyó este pensamiento:
 
Queremos nombrar lo que no se puede nombrar.
Cuando lo nombramos, lo separamos.
Como lo separamos, no lo abarcamos.
No lo nombres.
No lo separes.
Es un recrecimiento de ti mismo.
 
Sorprendido por estas ideas se irguió y levantó la vista al sol entre nubes. Y recordó el Paraíso. Volvió a la posición fetal, se relajó. Sintió una agradable sensación...
 
Todo era conexión.
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